El agua no es un tema menor. Al contrario, es probablemente el principal desafío que enfrenta hoy Nuevo Laredo. Y conviene centrar la discusión en nuestra ciudad porque, independientemente de que otras regiones del país enfrenten dificultades similares, son las familias neolaredenses quienes viven todos los días las consecuencias de un servicio que con frecuencia resulta insuficiente. Por eso, cualquier planteamiento sobre un posible racionamiento del agua merece un debate serio, técnico y transparente.
En días recientes se afirmó que Nuevo Laredo se encuentra en semáforo rojo por la disponibilidad de agua y que, de ser necesario, habría que calendarizar suspensiones del servicio, como ya ocurre en algunos municipios del norte del país. También se señaló que, si eso sucede, habrá que aguantarnos.
Ciertamente, no es un problema hídrico exclusivo de Nuevo Laredo, es de muchas ciudades del país. Lo anterior, derivado de realidades como el cambio climático, la sequía o el crecimiento urbano, realidades que ningún gobierno puede ignorar.
Pero mal de muchos no debe ser consuelo.
Que otros municipios enfrenten dificultades similares no puede convertirse en la explicación suficiente ni en el principal argumento para pedir resignación a la ciudadanía.
La pregunta no es únicamente si falta agua.
La pregunta es qué se está haciendo para garantizar el derecho humano al agua mediante una gestión pública eficaz.
La realidad cotidiana de miles de familias no se limita a la escasez. También existen colonias donde el agua llega con baja presión, donde el servicio se suspende sin previo aviso, donde el agua sale con sedimentos, donde las fugas de agua potable permanecen durante semanas sin reparación y donde los brotes de aguas negras esperan demasiado tiempo para ser atendidos. Por citar algunos ejemplos.
No todos esos problemas necesariamente tienen el mismo origen. Algunos pueden derivarse de la escasez; otros pueden estar relacionados con infraestructura envejecida, mantenimiento insuficiente, pérdidas físicas, capacidad operativa o procesos internos del organismo operador.
Por ello, antes de hablar únicamente de tandeos, la ciudadanía tiene derecho a conocer una estrategia integral.
¿Cuál es el nivel real de disponibilidad de agua?
¿Cuánto se pierde diariamente por fugas en la red?
¿Qué porcentaje del agua no contabilizada se está recuperando?
¿Qué estrategia se está aplicando para disminuir la cartera vencida y fortalecer las finanzas del organismo operador? Sin recursos suficientes resulta difícil mantener, rehabilitar o ampliar la infraestructura hidráulica.
¿Qué seguimiento oportuno reciben los reportes ciudadanos sobre fugas de agua potable y brotes de aguas negras? En algunos sectores estas situaciones se han vuelto tan frecuentes que corremos el riesgo de normalizarlas. Cada fuga representa agua que se desperdicia. Cada brote sin atender representa un riesgo para la salud pública.
También es válido preguntar qué acciones preventivas se están impulsando.
¿Existen proyectos para instalar tanques estratégicos de almacenamiento?
¿Se desarrolla una campaña permanente de cultura del cuidado del agua?
¿Se impulsa la captación de agua de lluvia en edificios públicos, escuelas o instalaciones municipales?
Hace apenas unos meses o menos, Nuevo Laredo registró lluvias extraordinarias. ¿Qué proyectos surgieron para aprovechar mejor ese recurso? ¿Qué infraestructura quedó instalada para prepararnos ante futuras contingencias?
Si el problema es estructural, las soluciones también deben ser estructurales.
La gestión pública moderna tampoco consiste únicamente en administrar problemas; consiste en aprender de quienes han encontrado mejores soluciones.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en su Índice de Competitividad Urbana 2026, muestra que Monterrey destaca entre las ciudades de más de un millón de habitantes por registrar uno de los menores consumos de agua por habitante, mientras que Piedras Negras sobresale por su capacidad de tratamiento de aguas residuales dentro de su categoría poblacional.
La pregunta entonces cambia.
¿Qué están haciendo esas ciudades?
¿Qué tecnologías incorporaron?
¿Qué inversiones realizaron?
¿Qué estrategias de reducción de fugas, tratamiento, reúso o cultura del agua podrían adaptarse a Nuevo Laredo?
El benchmarking en la administración pública no consiste en buscar ciudades que también tengan problemas para justificar nuestras dificultades. Consiste en identificar las mejores prácticas y adaptarlas a nuestra realidad.
También resulta pertinente conocer cómo se están utilizando los recursos públicos.
¿En qué se está aplicando los recursos financiados por Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank)? No preguntamos cómo porque NADBANK da seguimiento puntual a ello.
¿Qué prioridad tiene el agua dentro del presupuesto municipal 2026, uno de los más altos en la historia de Nuevo Laredo?
La corresponsabilidad ante la crisis del agua llega hasta los tres órdenes de gobierno, no recae solo en el municipal. ¿Qué proyectos se están impulsando ante el Gobierno del Estado y la Federación para fortalecer la infraestructura hidráulica?
No olvidemos que Nuevo Laredo no es cualquier ciudad. Es el principal puerto fronterizo de comercio terrestre de México, líder nacional en intercambio comercial con Estados Unidos y uno de los corredores logísticos más importantes de América Latina. Buena parte del comercio entre ambos países cruza diariamente por esta frontera, generando inversión, empleo y desarrollo económico.
El desarrollo económico debe avanzar al mismo ritmo que la calidad de vida, es un tema muy discutido desde aquellos factores o indicadores que comprenden el Producto Interno Bruto, el PIB, en contraparte del Índice de Desarrollo Humano, el IDH.
Si la ciudad aspira a crecer industrialmente también debe garantizar servicios públicos capaces de sostener ese crecimiento. El agua no solo es un derecho humano; también es un factor estratégico para la competitividad. Sin agua suficiente, con infraestructura limitada o con incertidumbre en el abastecimiento ¿qué vamos a ofrecer para hacernos más atractivos en el mercado nacional e internacional?
¿Cuál va a ser el punto de equilibrio entre el desarrollo económico, ante el probable crecimiento poblacional y garantizar el derecho humano, el agua, a los habitantes – de la calidad de los servicios en materia de salud pública analizaremos en otro momento-?
La ciudadanía también tiene responsabilidades. Cuidar el agua, evitar el desperdicio y promover una cultura de consumo responsable forman parte de la solución.
Pero la corresponsabilidad debe ir acompañada de transparencia.
Si el agua es hoy la principal preocupación de la ciudad, entonces también debe ser la principal prioridad de la gestión pública.
Los ciudadanos podemos comprender decisiones difíciles cuando conocemos las razones que las sustentan y observamos una estrategia clara para resolverlas. Lo que resulta más complicado aceptar es que la conversación se limite a decirnos que habrá que aguantar.
Porque, en realidad, todos queremos acostumbrarnos a lo bueno: a abrir la llave y encontrar agua, a que las fugas se reparen con rapidez, a que los reportes ciudadanos sean atendidos oportunamente, a contar con infraestructura moderna, a conocer con claridad cómo se ejercen los recursos públicos y a tener la certeza de que cada decisión está orientada a garantizar el acceso al agua para las presentes y futuras generaciones.
Esa debería ser la verdadera aspiración de Nuevo Laredo. No aprender a vivir con menos agua, sino aprender a gestionar mejor el recurso más valioso que tenemos. Una ciudad que lidera el comercio internacional también debe aspirar a ser referente nacional en la calidad de los servicios públicos que ofrece a quienes la habitan.

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